—Oye, ¿tú tienes Instagram?
—Sí, obvio, ¿crees que soy un cavernícola?
—Te sigo en Instagram.
—¿Ah sí? Pensé que eras un bot ruso.
—Me gusta lo que haces.
—A mi mamá también le gusta lo que hago, y tampoco da likes.
—De verdad, me encanta tu contenido.
—¿Entonces por qué tus pulgares son tan tímidos?
—¿Qué?
—Nunca has dejado un like. Pensé que tenías artrosis, parálisis… algo grave.
—¡Estoy perfectamente!
—Perfectamente desconsiderado, dirás.
—¡Te juro que me gusta!
—¿Entonces tus dedos están de vacaciones o qué?
—Es que soy más de apreciar en silencio.
—¡Silencio mi autoestima no paga el internet!
—Ok, ok, prometo que voy a empezar a dar likes.
—¿Porque quieres o porque te expuse públicamente?
—Un poquito de las dos, ¿vale?
—¿Y todo lo que he publicado antes qué? ¿Eso no valía ni medio pulgar?
—¡Sí valía! ¡Era arte!
—¿Entonces? ¿Mi Mona Lisa y mi Capilla Sixtina digital sin ni UN miserable corazoncito?
—Fue… negligencia emocional.
—¿Qué haces ahora?
—Dejándote de seguir.
—¿¡Qué!?
—Sí. Cuando subas algo tan épico que mi pulgar se disloque de la emoción, ahí sí te seguiré de nuevo.
—💀

De los creadores de ‘Te sigo pero no te likeo’…
Entre seguidores silenciosos y pulgares tímidos, Armando Kassian Mieres (Mundo Digital | Heraldo de México) explora el arte de dar likes… o no. Ríete del drama digital en esta divertida entrada.
1–2 minutos

Deja un comentario